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Categoría: Personal

VIAJE A TORREVIEJA

Me gusta viajar, siempre me ha encantado, y aunque los trayectos no me atraigan especialmente, ver sitios nuevos (o revisitar otros) hace que merezca la pena. En este sentido, aunque no le encanta en el mismo grado, mi pareja disfruta viajar también, así que todos los años intentamos hacer una pequeña escapada que nos permita conocer e incorporar sitios a nuestra lista de “conocidos”, aunque dure a penas unos pocos días.

En Segovia, el año pasado (2015)
Como las escapadas normalmente las hacemos en verano (no solo por aquello de que tenemos el año entero para ahorrar, sino porque es cuando las vacaciones son más largas y las ciudades se preparan más de cara al turismo), solemos intentar ir a la playa. No sé si sabéis que el mar, tiene una “actitud calorífica elevada” (esto me lo enseñaron en sexto y es de esas cosas que, no sabes por qué, pero no se te olvidan), lo que significa que actúa como un modulador de la temperatura, que en los últimos veranos españoles se ha convertido más en una necesidad que en un gusto. Si unimos esto a que tengo un amor inexplicable y desmedido a mi gran azul, la playa, sin duda, es un destino que tiene mucho terreno ganado conmigo.
Teniendo todo lo anterior en cuenta, he de añadir que mi abuela, desde hace ya varios años, tiene un apartamento – de lo más mono, por cierto – en Torrevieja, donde solía ir siendo más pequeña pero al que no iba desde hace cinco años (2011). No hizo falta atar muchos cabos para querer pasar allí unos días, ya no por la playa en sí, sino porque estos dos últimos años he tenido que estudiar de tarde – algo horrible y nada recomendable según mi experiencia – y he tenido que estudiar mucho para poderme sacar el Bachillerato sin dejar ninguna asignatura pendiente a mi paso, lo que ha hecho que a penas haya podido pasar tiempo con mi abuela, así que me apetecía estar un poco en su compañía. Todos sabemos que es un hecho, nuestros abuelos son los que tienen más probabilidades de dejarnos antes, así que hay que aprovechar el tiempo con ellos antes de que sea demasiado tarde.
En Mojacar, hace dos años (2014)

Llamamos a mi abuela y le pareció todo perfecto, pero tuvimos un problema que hizo que todo estuviera a punto de irse al traste: todos los vehículos de la casa de mi pareja estaban ocupados porque los demás seguían trabajando, en mi casa no tenemos vehículo alguno y pagar un autobús, un tren o, peor, un AVE, estaba completamente fuera de nuestro alcance, así que tuvimos que hacer malabares para que la madre de mi pareja juntase días en el trabajo y pudiese dejarnos un coche libre. ¿Y sabéis qué? Me parece de lo más injusto que ir en coche suponga un ahorro de casi 100€ en comparación a coger un autocar donde vas aplastado. Eso no es abogar por el transporte público ni ayuda a reducir las emisiones… pero ya sabemos cómo piensan los de arriba ¿no?

La idea en un principio fue la de comer y cenar siempre fuera de casa, ya que no queríamos molestar, aunque tampoco quise que en ningún momento pareciese que habíamos ido a un “hotel” y que solo nos interesaba por la playa, así que decidimos comprarnos platos rápidos (purés de calentar en el micro y que están listos en un minuto, “sopinstants”, “yatekomos”… ese tipo de comida) para las cenas, de forma que pudiéramos compartir un poco más de tiempo con mi abuela… pero cual sería nuestra sorpresa cuando mi abuela apareció con un carrito de la compra lleno hasta los topes de comida y nos dijo que comeríamos también en casa, y que cuando quisiéramos comer fuera, que avisásemos…. ¡NUESTRO GOZO EN UN POZO!

En la Manga, hace dos años (2014)
La verdad es que, aunque no me hizo nada de gracia molestar a mi abuela con las comidas porque precisamente íbamos con la idea de lo contrario, a ella le encantó y disfrutó mucho cocinando y, sobre todo, comiendo con nosotros… empezábamos a comer a las 14:00 y estábamos de sobremesa hasta las 16:00 de tantas cosas que nos contaba. Nuestros días consistían en levantarnos, irnos a la playa (donde paseábamos, jugábamos – o lo intentábamos – a las palas, leíamos – eso sobretodo – tomábamos el sol y nos bañábamos), ducharnos, comer, hacer la sobremesa ya mencionada, estar un ratito en nuestra propia habitación viendo series o leyendo, salir a algún sitio y pasear durante toda la tarde, cenar, volver a leer o a ver series (de hecho, nos terminamos toda la temporada de Once Upon a Time allí) y dormir hasta el día siguiente.

Torrevieja es un sitio puramente turístico, con unas vistas y unas playas envidiables, he de admitirlo, aunque el nombre nunca me ha gustado porque… me suena a potaje de abuela (a veces me pasan estas cosas), pero que el nombre no acompaña al sitio es un hecho. Allí visitamos una feria y un rastrillo que hay poco antes del paseo marítimo, un centro comercial que, a pesar de estar un poco apartado era enorme, algunos parques que, por cierto, estaban llenos de animales, y por supuesto, el paseo marítimo, los muelles y la playa, que también pudimos ver la noche de San Juan, aunque no es una tradición que me guste del todo.

ALGUNAS EXPERIENCIAS

El pavo real
Una experiencia que quedo registrada, para mi suerte o mi desgracia, fue la del pavo real que sale al final del vídeo, y es que sé que, a parte de para tapar a la hembra cuando está dando calor a los huevos, los pavos reales abren la cola cuando se sienten amenazados, ya que los colores vivos de la misma, espantan a los depredadores. Es por esto que cuando, al cerrar la cola, el pavo se puso a emitir ese sonido pensé que se me iba a echar encima y sí, casi salgo corriendo cual loca, móvil en mano. Para el resto de personas fue todo un espectáculo, pero yo temí por mi vida… ¡NADIE ME ENTIENDE!

El pavo real, tan pancho, después de asustarme

El Wok
El primer día que descubrimos el centro comercial del que he hablado un poco más arriba, estuvimos andando por allí hasta tarde, así que decidimos comer en un Wok (un buffet libre de comida china) que vimos, ya que el camino hasta casa era de unos 30 minutos. Lo que no esperábamos era descubrir un cartel al sentarnos en el que ponía “Si queda comida en los platos, se pagará un extra”. Los que hayáis comido en el Wok sabéis que no es precisamente barato, así que, si ya estábamos haciendo un despliegue de medios para poder cenar allí, no podíamos permitirnos pagar un extra por dejar comida en los platos. ¿Solución?… evidentemente: coger una cantidad extremadamente pequeña de cada cosa para estar seguros de que nos la comeríamos… al final creo que de tantos paseos que me di en busca de comida, incluso comí más de lo normal.

Yo la mar de feliz en una de las tiendas del centro comercial


El día en que todo estaba en contra
Y bien, pasamos a mi día “favorito”. Fue el último día que pasamos allí entero, y decidimos comer en un chiringuito que había justo al lado de donde solíamos poner la sombrilla para pasarnos el día entero de playa. Aquel día, bajamos un poco más tarde, ya que íbamos a estar muchas más horas, y una vez en la playa notamos que hacía bastante más viento de lo normal… y cuando digo bastante… me refiero a DEMASIADO. La arena se levantaba y nos daba con fuerza, así que hicimos varios malabares para que la sombrilla parase un poco de viento y de arena, porque no había un Dios que pudiera estar allí. Hasta el momento, lo de la arena y lo del viento fue aceptable, así que, llegada la hora, dejamos nuestras cosas (que, como he dicho, estaban a unos metros del chiringuito) y nos sentamos para que nos sirvieran. La atención en el momento de sentarnos fue casi instantánea. El hombre, que, por cierto, nos dijo que era nuevo, nos tomó nota y se fue. Se fue y… no volvió nunca, porque tuvimos que repetir a otro compañero que, por favor, nos trajese ya la comanda.
El viento arreciaba y, mientras esperábamos, empezaron a volarse nuestros vasos. Sí, los vasos, se volcaban del viento que hacía, y eran de cristal y estaban llenos, así que pesaban. Al panorama hay que sumarle que nos pusieron las servilletas y un mantel de papel que se volaban continuamente y una niña insoportable en la mesa de al lado que no paraba de dar gritos y a la que sus padres en vez de dar una torta, animaban a seguir gritando.
Era un chiringuito de PLAYA, así que supusimos que lo más sabio era pedir pescado de segundo ¿no? ¡PUES JA! El primero, una paella valenciana en condiciones, he de admitir que estaba para lamer el plato después de acabar ¡QUÉ RICO, POR DIOS!, pero… ¿el pescado?… apuesto a que se lo das al cocinero y prefiere beberse el Fairy, sin olvidar el añadido, por favor, de los 20 minutos de espera entre el primer y segundo plato, que, por otra parte, no tuvieron competencia con los 40 que hubo entre el segundo plato y el postre y los otros 20 desde el postre hasta la cuenta, que ya me estaba planteando olvidar “accidentalmente” de pagar.

FATAL, SEÑORES, FATAL. CASA CUENCA DE LA PLAYA DEL ACEQUIÓN, SI ME LEES, NO VOY A VOLVER, QUE LO SEPAS

Pero… ¿crees que ya se había acabado? ¡Claro que no! Porque cuando terminamos de comer, y tras una sobremesa en la que todo volaba a nuestro alrededor, incluidas nuestras servilletas, las que al tratar de rescatar casi hacen que me rompa un tobillo (pues el suelo era de madera y había un tablón que se hundía exageradamente cuando lo pisabas), volvimos a nuestro sitio bajo la sombrilla, y tras comprobar que la arena comenzaba a hacer daño, decidimos guarecernos poniéndonos tras el chiringuito para que cortase el aire, y con ello, la arena. Sitio que, FÍJATE POR DONDE, estaba habitado por una plaga de niños de una etnia que no voy a mencionar (más que nada porque no creo que sea relevante en cuanto a su estupidez) que comenzaron a correr alrededor de nosotros, levantando la arena de la que habíamos huido y jugando a una batalla de bolas de barro con nosotros y una mujer que había al lado en medio. Al principio, tratamos de ignorarlos y sacamos nuestros respectivos libros y nos pusimos a leer, pero ellos, tan panchos, decidieron que el barro ya no les divertía y empezaron a tirarse PIEDRAS al tiempo que uno de ellos, corriendo hacia mí con un cubo de agua, me pisó la cabeza, se cayó encima de mí y me estropeó todo el libro y me llenó de barro. Mi chico le dio un grito porque estábamos ya hasta las narices mientras veíamos que otros dos se ponían LITERALMENTE encima de la mujer de al lado y le tiraban una bola de barro en toda la cara.
¿Qué pasó? Lo normal: nos levantamos y nos fuimos a otro sitio del que también nos tuvimos que ir por el puñetero aire.
Finalmente, y en una zona ya más guarecida y calmada, ya pasó lo último del día: que tuve que aguantar que una niña de 16 años me llamase “descarada” y “sinvergüenza” por hacer topless, una costumbre que tengo desde siempre y de la que no tengo que dar explicaciones. La verdad es que fue un día un poco asqueroso, pero bueno… el resto de días lo compensaron.

El famoso cangrejo del final del vídeo

Encontrando a mi amor
Finalmente, y ahorrándome la anécdota del día en el que mi abuela nos ofreció unos colines caducados desde 2010, os contaré que, buscando un libro para mi pareja, que ya había terminado el que había llevado, encontré algo que llevaba buscando desde hacía años: la edición de “Si decido quedarme” con la portada que me encanta y sin ser de bolsillo. Los que seáis lectores y sibaritas creo que me entenderéis, pero fue lo más feliz que me pasó en todo el día, y cada vez que huelo, toco o veo el libro así, en mi estantería, me dan ganas de saltar y de gritar. ¡QUÉ FELICIDAD!

La parejita feliz

Poco más hay que contar de este viaje, que no fue a un destino demasiado “especial” pero que disfruté, sin lugar a dudas, y que viví con gente a la que quiero. Ojalá que “Casa Cuenca” arregle sus suelos y que los endemoniados maduren pronto…

¡HASTA LA PRÓXIMA, “OLDTOWER”!

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¡Un saludo y hasta el próximo post!

AHORA NO ES AHORA

Es gracioso que te pregunten qué quieres ser de mayor cuando aún eres un niño
Como si supieras lo que querrás
Como si el futuro no fuera incierto

¿Recuerdas cómo eras hace cinco años? ¿Las cosas que hacías?
No sé tú, pero mi vida por lo menos ha cambiado tanto que a penas quedan rescoldos de la persona que fui en aquel entonces

Puedes saber qué es lo que te gusta ahora, puedes saber qué es lo que te gustaría que fuera de tu futuro ahora, pero solo eso: AHORA

Vivimos en una sociedad en la que te inculcan que hay que estudiar, y no solo eso, sino matarte a estudiar, para lograr un buen puesto de trabajo y mientras tanto, conocer al amor de tu vida. Una vez con trabajo, casarte, tener tu casa, un coche (si no dos), hijos y, claro está, un perro. ¿Y cuando tengas todo eso? Coge a tu pareja del hombro, contempla como los niños juegan en el jardín con tu perro y deja pasar los años mientras trabajas (y no solo eso, sino mientras te matas a trabajar), ves como los niños crecen y se alejan (pero contento por ello, porque van a seguir exactamente el camino que tú seguiste) y envejeces. ¿Y una vez viejo? Lee libros en una mecedora, en tu porche.

Fin de tu vida y resumen de la misma: viviste lo justo, viviste como te habían dicho que tenías que vivir, y seguramente te sientas satisfecho con y por ello, pero lo siento, no es lo que yo deseo.

La vida cambia, y pasas por etapas difíciles, por otras más fáciles, y me encanta que cambie, porque si no lo hiciera, si siguiera ese camino ya descrito, si no pudiera tomar un desvío, si no pudiera tener un trabajo no convencional, una vida no convencional, conocer culturas, viajar, registrar momentos, crear. Si no pudiera disfrutar, no viviría.

¿Y sabes qué? Me gusta demasiado vivir como para no aprovecharlo

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¡Un saludo y hasta el próximo post!

UN BUS LLENO DE MUCHA GENTE Y MUY POCA EDUCACIÓN

Acabo de vivir una situación muy desagradable y ahora mismo me encuentro un tanto violenta, así que he pensado que lo mejor, más que descargarme contra el culpable de este estado, es hacerlo con el papel, o, en este caso, con este post.

Se aproxima una boda en la familia de mi pareja, por lo que hemos comenzado ya a hacer preparativos y hemos decidido qué llevaremos puesto. Bien, pues hoy he salido para lo último que quedaba por comprar de lo que tengo que llevar puesto, y como de costumbre (ya que a pesar de vivir en Madrid, el Metro me da claustrofobia), he cogido el bus para volver a mi casa porque tenía pinta de llover.
He esperado al bus durante siete minutos, y cuando he visto al bus llegar, la gente ya se estaba hacinando para poder subir (he de añadir que es la primera parada de este bus, por lo que éste está vacío), y una señora muy, muy amable, se ha acercado hacia mí diciéndole a otra, cara de asco incluida, “sí, voy a ver si se quita esta muchacha, que no va aquí” refiriéndose a mí. Yo, que siempre respeto el turno, y que de hecho, suelo ir de pie, me he quedado perpleja durante unos segundos, y cuando he logrado reaccionar me he tenido que contener para no decirle “oiga, quizás la maleducada sea usted, y si tiene algo que decirme, me lo dice a mí directamente, aunque puede que la que se haya pasado de lista haya sido usted misma”. En resumen, me lo he guardado para mí, e incluso he tenido que oír otro comentario sobre mí a mis espaldas tras subirme al bus, ya que iba con la espalda apoyada justo delante de sus asientos. Me hace mucha gracia que la gente juzgue a los demás sin siquiera haber cruzado una palabra con ellos, pero ya se sabe que es mucho más fácil juzgar a los demás que a uno mismo.
La cuestión es que, a pesar de que me he quedado con las ganas de decirle algo a esa mujer tan maleducada, el viaje ha continuado, y es entonces cuando un hombre muy “typical spanish” ha subido al bus con una muleta. Este, amigos, es el protagonista de esta historia, llamémosle Manolete. Muy bien, pues Manolete, que es muy majo el hombre, nada más subir, ha ido hacia los asientos reservados que hay en la primera parte de los autobuses (al menos en España, donde hay unos cuantos asientos que están reservados a gente con bastón, embarazadas, tercera edad, etc.) y, al ver que nadie de los que había se levantaban para cederle el puesto, ha decidido tomarla con una mujer de origen latinoamericano. Nuestro querido Manolete le ha dicho de forma sumamente educada, escupiendo de regalo a esta mujer “¿Me dejas sentarme?”, a lo que ella, llamémosla Carmelita, ha respondido serenamente “No puedo ir de pie”. ¿Qué ha pasado después? pues que Manolete se ha puesto a gritar a Carmelita delante de todo el bus “¿Por qué no puedes ir de pie? Es porque eres una vaga ¿no? mira lo gorda que estás por lo vaga que eres ¿no ves que estoy con muleta? ese asiento está reservado para mí”, a lo que Carmelita, sin perder la paciencia (cosa que yo misma habría hecho ya) le ha contestado “No puedo ir de pie porque tengo una hernia”. Manolete, sin rendirse, y habiéndose metido ya con su aspecto físico, ha decidido emprenderla con su origen, así que ha comenzado a gritar “si vives en un país, tienes que saber sus reglas, que como eres un mono y venís en canoa no sabéis cómo hay que portarse en España”, intercalando perlas como “vete con las lanzas a bailar alrededor del fuego” o “Es que en España no deberíamos dejar entrar mierda”.

El bus, debido a que el Metro en Madrid está en huelga, estaba lleno, y al lado de Manolete había gente de origen asiático, africano, e incluso dos niños latinoamericanos a los que sus padres estaban intentando apartar lo máximo de Manolete. La continuación de esta historia es que a Manolete se le han unido dos hombres, bastante mayores, y le han soltado todo lo que les ha dado la gana a la pobre Carmelita, que con su par de ovarios bien puestos, se ha quedado sentada como una reina. ¿Y qué ha sido de todos los extranjeros que les rodeaban, de toda la “mierda”, como decía Manolete? Pues a pesar de que yo misma me estaba conteniendo y estaba gritando por dentro, de que estaba temblando de rabia y a punto de decirle “A tomar por el culo se tienen que ir los gilipollas racistas como tú, que vosotros sí que sois la mierda, capullo subnormal”, los extranjeros solo se han limitado a mirar con desaprobación, ni una palabra.
Sinceramente, no voy a rizar el rizo ni a decir más sobre este hecho, solo quiero que quede reflejado que los que quizás no tienen cultura, los que no saben respetar las reglas, en este caso las reglas sociales, no tienen por qué ser precisamente los extranjeros. El día que se asuma que no somos ni mejores ni peores por una mierda de líneas divisorias en un mapa o por el puñetero color de nuestra piel, quizás habremos evolucionado. 
Y sí, quizás Carmelita, en un principio, sin que nadie supiera nada de su hernia, debería de haberse levantado, pero si me lo dicen así, quizás yo misma tampoco me hubiera levantado, y que a capullos como Manolete, les dieran bien por el ojete (Acción poética)
Un saludo, y espero que esto remueva tu mente al menos un poquito.

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¿AMOR?

El amor no es una canción de piano de ritmo pausado, ni un beso bajo los fuegos artificiales; no es una escena prototípica de dos personas frente a un lago, ni siquiera la imagen de una tarde de diciembre viendo una película con una manta en el sofá, compartiendo palomitas.
A menudo nos preguntamos qué es el amor; sin darnos cuenta de que el mayor error es intentar dar una descripción exacta de un sentimiento tan fuerte, tan bonito; y tan doloroso en muchos casos.
El amor no es más que lo que cada uno quiera comprender como amor; hay tantas formas de amar como personas amen, no se ama mucho ni se ama poco, cada uno ama a su manera, puesto que los sentimientos son sensaciones de carácter incontable, que no se pueden medir de ninguna de las maneras.
Dicen también que las parejas perfectas son las que lo vuelven a intentar una y otra vez; y es un fallo garrafal creer que esa afirmación es cierta; puesto que si la relación, sea por la razón que sea, se desmorona, es porque algo no va bien; si tú quieres a alguien, pase lo que pase jamás le dejas marchar; y si realmente eres correspondido de la misma manera, a ninguno de los dos le hará falta más de una oportunidad para demostrarse mutuamente que están con la persona adecuada.
También hay gente que al darse cuenta de que ya no sienten lo mismo que al principio se intentan auto convencer de que quieren a esa persona porque es lo “correcto” ; he de aclarar que dicen que el amor viene y va, y es otro de los aspectos que quiero desmentir. El amor, si es de verdad, es para siempre. El amor es incondicional, da igual cuanto tiempo pase, cuanta distancia lo separe, cuantos baches tenga que saltar y cuantas personas tenga que quitar del medio. Si llega el día que dejas de sentir lo mismo por esa persona, eso que sentías no era amor, deja de intentar convencerte, porque te harás más daño, llegará otra persona, que será o no la adecuada, pero te hará ver que la persona con la que estás, no es con la que quieres compartir el resto de tus días.
¿El amor? Sí, es caprichoso, extraño, a veces engaña, y a veces mata, pero siempre llega. Nunca se sabe cuando ni donde, un día, sin más, aparece; puede que de repente te des cuenta de que ese mejor amigo desde la infancia es más que un amigo, puede que asistas a una boda y que le encuentres en la mesa de al lado, puede que un viejo amigo de la escuela te localice por una red social, quedéis y te preguntes por qué perdiste el contacto con él, o puede que lo encuentres en un viaje de negocios. Puede que incluso, llame a tu puerta en forma de cartero, pizzero o… ¡quien sabe! testigo de geová, lo que quiero decirte es… que lo bueno se hace esperar, no desesperes.
Podría hablar mucho más pero ¿para qué? solo necesitaba liberar algún que otro pensamiento; estas reflexiones que no me llevan a ninguna parte, pero espero que algún día ayuden a alguien.

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