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El taller de escritura es una de las secciones de la iniciativa Granitos de arena donde se imparte formación gratuita sobre redacción y escritura a los miembros. (Más información)

Escribe un relato basado en una experiencia o un sentimiento propio (o cercano) incluyendo en él un toque de fantasía.

Con trazos torpes e inexpertos, termino mi mapa y lo extiendo ante mí, alargando los brazos tanto como puedo mientras muerdo mi lápiz favorito, que ahora cruza horizontalmente de un lado a otro de mi boca sujeto por los dientes. El mapa me parece de una calidad excelente, así que estoy lista para emprender mi aventura. Me dirijo a la habitación de mi madre, que tiene un gran espejo, y ante él me pongo mi bata de Pocahontas metiéndome el mapa en uno de los bolsillos y una linterna sin pilas en el otro. Después, vuelvo a mi habitación satisfecha atándome la cinta que cierra mi bata en la frente. Ahora soy una experta exploradora adentrándome en el desierto, donde unas pirámides llenas de trampas y seres no-muertos aguardan un importante tesoro.

Vuelvo a mirar mi mapa una última vez y seguidamente lo vuelvo a guardar en un bolsillo que comienza a teñirse de color negro y a expandirse por lo que ya no es mi bata, sino una magnífica gabardina. Al llegar a los extremos de ésta, siento cómo mis pantalones de pijama comienzan a ajustarse a mis piernas progresivamente, convirtiéndose en unos pantalones marrones llenos de bolsillos, que a su vez, dejan paso a unas zapatillas de perritos que van tornándose en fuertes botas de exploradora. Por su parte, la cinta que cubría mi frente se está transformando en un turbante que cubre mi cabeza y cae sobre ambos hombros. A través de la franja que deja el turbante, levanto la vista para ver cómo las paredes se convierten en arena, que cae espolvoreada aquí y allá por encima de la cómoda, la cama, el armario y el resto de muebles de mi habitación, que comienzan a disolverse a la par que mi techo va desapareciendo y los focos que alumbran mi cuarto se van uniendo conformando un majestuoso y abrasador sol que me hace entrecerrar los ojos y dar gracias por haberme puesto el turbante. El suelo tiembla ligeramente y siento que mis pies quedan envueltos en algo menos estable: arena.

Las dunas van apareciendo por todas partes, y al fondo parece erigirse una gran construcción, la cual reconozco antes siquiera de que esté completa: es la pirámide que he venido a explorar. Un cosquilleo recorre mi pequeño cuerpo mientras me pongo en camino: no hay tiempo que perder, hay mucho que hacer antes de que mamá me llame para merendar.

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